Internet, al asalto de su última frontera

Han pasado 20 años desde que naciera oficialmente la Red. A ritmo vertiginoso, Internet ha ocupado espacios que antes ni siquiera existían en el día a día. Hay Internet en los bolsillos, gracias a los teléfonos de nueva generación. Está presente en los asientos traseros de los taxis de las grandes ciudades, informando de las noticias de última hora o de cuál es el estado del tiempo. Internet conecta despachos distantes, cada uno en una parte del globo, enlazados en videoconferencia. Está presente en las pantallas del hogar, en las de las oficinas. Pero hay una pantalla a la que la Red no ha podido llegar. La televisión, presente en muchos hogares del mundo, tótem del entretenimiento desde su generalización a finales del siglo XX, se le resiste a la Red de redes.

Hasta ahora no ha habido forma de que Internet se establezca de forma permanente en las pantallas televisivas de los hogares. Ha habido distintas iniciativas, como la de ofrecer navegación por Internet a través del descodificador de las plataformas de televisión digital y por cable. Pero ha sido inútil. Al espectador no le ha interesado la presencia de la Red en la pantalla donde ve sus programas favoritos.

“Ver televisión requiere un grado menor de interactividad”, explica Federico Casalegno, director del Laboratorio de Experiencias Móviles del Massachusetts Institute of Technology. “El hecho de ver televisión se percibe más como un entretenimiento, algo que requiere una menor implicación del espectador desde el punto de vista psicológico. Sin embargo, sentarse en un despacho frente a una pantalla de ordenador es otra cosa. Se es más proactivo, hay un esfuerzo consciente para interactuar con el dispositivo. Esto ha hecho que uno, de hecho, pueda ver contenido televisivo en un ordenador, en canales como YouTube o Hulu, pero ha ralentizado la llegada de Internet a las pantallas de televisión”.

Es innegable que algo ha cambiado en la forma de ver televisión desde la generalización de las conexiones a Internet. Los hábitos no son lo que eran. Hasta hace unos años, ver la televisión era un acto eminentemente pasivo. En España, con dos canales de televisión, no había mucho donde elegir. Hoy en día, poco a poco, el espectador va tomando el poder. Primero llegó la multiplicidad de canales, gracias a las nuevas tecnologías digitales. Y ahora el mando es una verdadera arma que permite diseñar una programación a la propia medida.



“En la era de YouTube, al telespectador le gusta tener control sobre lo que ve. Ya no vemos programas en directo, vemos los fragmentos de lo que nos gusta”, explica Dan Gillmor, director del Center for Citizen Media y del Knight Center for Digital Media Entrepreneurship. “Podemos grabar distintos programas y diseñar el tipo de programación que nos gustaría ver. Podemos almacenar los programas en un disco duro y verlos a nuestro antojo, si es que llegamos a verlos. Tenemos el control casi total”.

TiVo tuvo mucho que ver en esta revolución del mando. Este pequeño dispositivo digital, creado en EE UU en 1999, cumple las funciones de un vídeo, pero con las atribuciones de un verdadero ordenador de última generación. Graba cualquier contenido televisivo en un disco duro de 500 gigas, que acepta hasta 600 horas de vídeo. Pero no como un VHS antiguo, programado en función de las horas asignadas, sino según la información que ofrecen los canales de televisión: título de la serie o película, género, actores, director, duración… En el disco se pueden almacenar y reproducir, a lo largo de una temporada, todos los episodios de una serie, si se desea. Se puede grabar hasta dos canales a la vez, para no perderse el partido de fútbol y la serie que dan al mismo tiempo. Por ahora sólo está disponible en EE UU, Canadá, México, Australia, y Taiwan, pero sus creadores estudian comercializarlo en otros países.

En tiempo de crisis económica, TiVo acumula triunfo tras triunfo. En enero, el 50% de los estrenos de las nuevas temporadas de series televisivas se vieron en emisión en diferido, a través de TiVo, según un comunicado de la misma empresa. La gran mayoría de los espectadores, más de un 60%, decidió ver los estrenos de series como Perdidos o 24 no cuando las cadenas los emitieron, sino cuando a ellos les vino bien. Lo mismo sucedió con realities como American Idol.

Si uno no quiere pagar los 13 dólares (10 euros) mensuales que cuesta TiVo, siempre quedan las opciones más baratas: las páginas web que ofrecen contenido de vídeo. Hay muchas ilegales, que logran ofrecer series completas hasta que llega la correspondiente demanda. Y también están los que han visto la oportunidad de negocio de ofrecer vídeo de forma legal y cobrando por emitir publicidad, como Hulu.com, una página web creada por NBC y NewsCorp, que ofrece todo tipo de series y películas, como House, Family Guy, Los Simpson o El Equipo A, con no menos de dos interrupciones publicitarias por episodio.

Hasta el momento, ofrece 40.000 episodios, sólo accesibles desde direcciones de conexión a Internet de EE UU. La de Hulu ha sido una verdadera revolución. En febrero, un mes en que la gran mayoría de portales de vídeo descendió en número de visitas, este sitio web ha ganado terreno, creciendo casi un 33%, hasta obtener 308 millones de accesos únicos, según datos de la consultora Nielsen. YouTube está a años luz todavía, con 5.000 millones de visitas, pero ha perdido casi un 12% de tránsito en 30 días.

En la era del reinado de YouTube y su modelo de negocio, hay viejos titanes de Internet que todavía no se resignan a olvidarse de la idea de una pantalla televisiva que permita navegar en la Red. Yahoo se ha lanzado a una arriesgada aventura para la que cuenta con el apoyo tecnológico de los chips de Intel. La aplicación TV Widgets, que se comercializará a mediados de este año, permitirá a los espectadores poder consultar información en Internet mientras ven televisión.

La palabra widget significa, en inglés, chisme, aparato. En su primera versión, TV Widgets contará con una veintena de estos chismes: una aplicación que informará del tiempo; otra con resultados deportivos, e información de última hora y actualizaciones de las páginas personales de aplicaciones sociales como MySpace, por ejemplo.

Lo que los espectadores recibirán en las pantallas de sus casas serán versiones reducidas de esas páginas web, para que habiten de forma armoniosa con la programación habitual del televisor. Los primeros televisores en disponer de la tecnología necesaria para incluir este servicio serán una serie de pantallas de cristal líquido creadas por Samsung, Sony, VIZIO y LG Electronics.

“Con sólo pulsar un botón del mando, los usuarios podrán ver el portal de acceso a los Widgets, seleccionar un Widget que les guste, y acceder a contenido de Internet modificado para la pantalla de televisión”, explica Patrick Barry, vicepresidente de Yahoo. “Podrán seguir los resultados de su equipo deportivo favorito, compartir fotos con la familia, hacer compras, jugar juegos y ver películas o vídeos online a la vez que ven su programa favorito en televisión”.

Precisamente esta multiplicidad de contenidos es lo que puede haber puesto en riesgo la convivencia de contenido televisivo e Internet en una misma pantalla. Demasiadas cosas para hacer en una sola pantalla cuya función principal durante décadas ha sido la de ocupar horas y horas de ocio. Pero, si ha sucedido con el mercado del alquiler de vídeos, ¿por qué no va a suceder con el de la televisión?

Blockbuster, la que durante años fue marca de referencia del alquiler de vídeos y DVD, antes de la era de Internet, ha decidido crear un widget para Yahoo que permitirá a los espectadores alquilar películas directamente en su televisor a través de esta conexión a Internet. “La interfaz será sencilla y facilitará a los usuarios el acceso a las películas y a otro tipo de contenido de entretenimiento de Blockbuster”, explica Keith Morrow, jefe de información de Blockbuster. “Este nuevo concepto casa a la perfección con nuestra estrategia de proporcionar acceso a contenido de entretenimiento en una plataforma con muchos canales como ésta”, asegura.

Hasta ahora, diversas plataformas norteamericanas de cable, como Comcast o Verizon, ofrecen la posibilidad de alquilar películas a través de sus descodificadores. Blockbuster sigue su estela, poniendo al alcance de los espectadores todo su catálogo de películas. Es un paso hacia delante de una empresa a la que casi ha hundido la gran tormenta de Internet.

La némesis digital de Blockbuster se llama Netflix. Desde 1997, esta compañía californiana ha acumulado 100.000 títulos de películas, con una media de 550 copias de cada una, que distribuye entre unos 10 millones de suscriptores. Éstos crean una cuenta en un portal de Internet, y por una suscripción semanal que ronda los 10 euros, reciben las películas por correo y en el buzón de su domicilio. Cuando las devuelven, también por correo, reciben las que se encuentran en su lista de espera online, siempre en el plazo de alrededor de dos días. Sin tiendas. Sin plazos de devolución. Sin multas por devolver un DVD tarde.

De lleno en el nuevo siglo, esta forma de organizar el alquiler de DVD a través de Internet le ha permitido a Netflix alcanzar los más de mil millones de envíos, con unos beneficios anuales de 115 millones de euros. En una reciente entrevista con la agencia Reuters, el director de esta empresa, Reed Hastings, reveló sus planes de ampliar el negocio a otras partes del globo: “Cuando uno se da cuenta de que casi todas las empresas de Internet son empresas globales, y cuando uno se da cuenta de que hay oportunidades muy grandes para nosotros, se ve obligado a decir: ¿No habría oportunidades de negocio en China, Brasil, India o Europa? No tenemos planes específicos de momento, pero es algo sobre lo que vamos a trabajar en los próximos años”.

Mientras, en las oficinas de Blockbuster se trata de espantar el fantasma de la bancarrota. Sus más de 7.500 videoclubs, repartidos en unos 30 países, llevan meses esperando la temida noticia del cierre, entre rumores de deudas, descenso constante de alquileres y un mercado que zozobra. La empresa deberá pagar parte de un crédito de 350 millones en agosto. Recientemente, el inversor Mark Wattles compró un paquete de acciones equivalente a 5,7% del total, 6,8 millones de acciones a través de los fondos Wattles Capital Management y HKW Trust.

Junto con Blockbuster, se han unido a la iniciativa de los TV Widgets otras empresas que quieren ganar terreno a los nuevos competidores: los canales de noticias de CBS y ABC; las plataformas musicales de MTV y VH1; la productora Disney; el portal de compra y venta EBay, y aplicaciones sociales como MySpace o Twiter. Los expertos, sin embargo, dudan de que al final el sofá sea el lugar adecuado para navegar en Internet. Muchos apuntan a nuevos modelos de negocio, como el de integrar contenido televisivo, Internet y capacidad de comunicarse en el bolsillo.

Tal es la intención del nuevo experimento del Laboratorio de Experiencias Móviles, liderado en Massachusetts por el profesor Casalegno. “Desde el punto de vista del usuario, en momentos del día en que uno viaja en metro o autobús, puede acceder a contenido televisivo a través de su teléfono o dispositivo portátil”, explica Casalegno. “Uno está más dispuesto a interactuar con el dispositivo que cuando está simplemente viendo la tele”.

“Hemos encontrado que hay dos tipos generalizados de escenario: uno en que el espectador puede tratar de buscar información sobre sus equipos deportivos, o informaciones sobre el tiempo y las noticias locales. Es un tipo de información que depende mucho del lugar y del momento en que el espectador se encuentra. Otro escenario es el del aprendizaje. Uno puede utilizar su dispositivo móvil para aprender, para practicar materias como los idiomas, un contenido audiovisual que podría producirse y emitirse en breves espacios de tiempo, para que el usuario acceda a ellos desde su teléfono o dispositivo mp3 en el tiempo que pasa viajando al trabajo o a casa”.

Ése es el futuro: pantallas que se solapan, que convergen y se unen en lugares antes no imaginados, como el bolsillo del pantalón, el salpicadero del coche o la puerta de la nevera. Pero eso no significa que Internet vaya a conseguir penetrar de lleno en el salón de casa a través de la pantalla televisiva. Parece que, hasta la fecha, el telespectador ha preferido limitarse a ver contenido televisivo y a decidir qué es lo que ve y cuándo lo deja de ver. Pero pasar de controlar el mando a navegar en la Red puede ser un paso demasiado grande como para que los fabricantes de televisores vean una oportunidad de negocio fiable.

(from: elpais.com)
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