Cuando la tecnología interfiere en el clima familiar

Mientras esperaba un ascensor en el centro comercial Fair Oaks cerca de su casa en Virginia, Janice Im, que trabaja en desarrollo en la primera niñez, atestiguó un incidente preocupante entre un chico y su madre.

El chico, que Im estima que tenía dos años y medio, hizo intentos repetidos de hablar con su madre, pero ella no desviaba su atención de su BlackBerry. “El repetía: Mamá, mamá, mamá”, recordó Im. “Y luego comenzó a tocarle la pierna. Y ella contestaba: Esperá un segundo. Solo un segundo”.

Al final, el niño se sintió tan frustrado, dijo Im, que “gritó y trató de morderle la pierna”.
Cuando la tecnología interfiere en el clima familiar

Se ha concentrado gran parte de la preocupación respecto de los celulares y los mensajes instantáneos y Twitter en cómo se ven afectados los niños que usan la tecnología de manera incesante. Pro el uso de los padres de tales tecnologías -y sus efectos en sus hijos- ahora se están convirtiendo en otra fuente de preocupación de algunos estudiosos del desarrollo de los niños.

Sherry Turkle, una investigadora del Massachusetts Institute of technology, ha estado estudiando como el uso de los padres de la tecnología afecta a los niños y los adultos jóvenes. Luego de cinco años y 300 entrevistas, ha concluido son generalizados los sentimientos de dolor, celos y competencia. Sus conclusiones se publicaran en “Solos y Juntos” el próximo año.

En su estudios Turkle dijo: “Una y otra vez chicos plantearon los mismos tres ejemplos de sentirse dolidos y no querer mostrarlo cuando su madre o padre usa sus dispositivos en vez de prestarles atención: a la hora de la comida, cuando los tienen que ir a buscar después de la escuela o de otras actividades y en eventos deportivos”.

Turkle dijo que reconoce la presión que sienten los adultos de estar constantemente disponibles para el trabajo, pero agregó que cree que hay una fuerza aún mayor que los obliga a mirar la pantalla continuamente.
“Hay algo tan absorbente en el tipo de interacciones de la gente con las pantallas que dejan afuera le mundo”, dijo. “He hablado con niños que tratan de conseguir que sus padres dejen de enviar mensajes mientras manejan y sus padres se resisten: ?Solo uno más rapidito cariño?. Es como un trago más”.

Laura Scott Wade, directora de ética de la organización médica nacional e Chicago, dijo que hace seis meses su hijo, Lincoln, que entonces tenía tres años y medio, se cansó tanto de que le prometiera que iba a dejar la computadora en “solo un minuto” que recurrió al tipo de tácticas que usa los padres comúnmente.
“Me hace poner el reloj del micro-ondas”, dijo Wade. “Cuando suena, dice: Vamos y no traigas tu teléfono”.
Por supuesto que no todos los expertos en desarrollo de los niños creen que el teléfono inteligente y la notebook por los padres es algo malo. Los padres siempre tuvieron que dividir su atención y los investigadores señalan que hay una diferencia entre cantidad y calidad cuando se trata de conversaciones entre padres y niños.

“De algún modo volvemos a la cuestión de la calidad del tiempo que se pasa juntos y el tiempo que estamos distraídos no es de alta calidad, sea que los padres miran el diario o su BlackBerry”, dijo Frederick Zimmerman, profesor de la facultad de Salud Pública Universidad de California en Los Ángeles, que ha estudiado como distrae a los padres la televisión. También señaló que los teléfonos inteligentes y las notebook pueden permitir a algunos padres pasar más tiempo en casa, lo que puede resultar en más y no menos tiempo de calidad con los hijos.

Hay poca investigación acerca de cómo afecta a los niños el uso constante de esa tecnología por los padres, pero los expertos dicen que no hay duda que la dedicación de los padres -hablando y explicando cosas a los niños y responder a sus preguntas- sigue siendo la base del aprendizaje en la infancia temprana.

El libro de Betty Hart y Todd R. Risley “Meaningful Differences in the EveryDay Experience of Young American Children” (Diferencias significativas en la experiencia cotidiana de los niños estadounidenses pequeños, publicado en 1995), muestra que los padres que ofrecen un ambiente de lenguaje rico a sus niños los ayudan a desarrollar un vocabulario amplio y eso los ayuda a aprender a leer.

Esta investigación relaciona el uso del lenguaje en el hogar con el status socio-económico. Según sus conclusiones, los niños de hogares de más alto nivel socio económico escuchan en promedio 2153 palabras por hora, mientras que los de hogares de clase trabajadora solo escuchan unas1251; los niños en el estudio cuyos padres vivían de subsidios estatales escuchan en promedio 616 palabras por hora.

La pregunta es: ¿Dispositivos como los teléfonos inteligentes cambian eso? Los usuarios de celulares tienden a tener ingresos más altos; estudios de la Compañía Nielsen muestran que tienen el doble de probabilidades de ganar más de 100.000 dólares al año que el suscriptor promedio de servicios celulares. Si el mayor tiempo de uso de tecnología limita le tiempo que las familias en buenas situación dedican a comunicarse con sus hijos, algunos podrían convertirse en víctimas del éxito que se creía que les servía de ayuda.

Hart, que ahora es profesora emérita de la Universidad de Kansas, dijo que se necesita más estudios para saber si el uso constante de teléfonos inteligentes y otras tecnologías está interfiriendo con la comunicación entre padres e hijos. Pero expresó esperanzas de que más padres pensarán en como el uso de dispositivos electrónicos podría estar limitando su capacidad para responder a las necesidades de sus hijos.

Parte de las razones por las que los niños de hogares en buena situación desarrollan vocabularios más amplios para los 3 años es que “los padres alzan a los niños y los ponen en su falda mientras leen un libro” dijo Hart. “Es importante que los padres sepan que cuando hablan con sus hijos transfiere cariño junto con las palabras. Cuando uno habla con la gente siempre hay un mensaje implícito: me gustás o no me gustás”.

Meredith Sinclair, una madre y blogger de Wilmette, Illinois, dijo que no tenía de idea de cómo lo que llama su “adicción al correo electrónico y los sitios de redes sociales” estaba afectando a sus hijos que estableció una prohibición de usar el correo electrónico e internet entre las 16 y las 20, y sus hijos respondieron con alegría. “Cuando se los dije, mi hijo Maxwell de 12 años lo celebró” dijo Sinclair.

“No se puede hacer las dos cosas” agregó. “Si estoy conectada, es demasiado tentador. Hay que hacer una elección clara”.

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